Afrocolombianos
De Wiki-Étnica
¡Yo soy el Negro Lorenzo! Negro del Tuy, negro, negro. Noche con alma. Tambor Dormido bajo mi pecho. Dormido bajo mi pecho Tengo un dolor de candelas, Corazón rojo por dentro, Corazón negro por fuera. Corazón negro por fuera Corazón sombra del blanco, Si tengo rebelde el pelo Tengo rebeldes las manos... (*)
La población negra colombiana, llamada también afrocolombiana, está constituida por los descendientes de africanos esclavizados traídos a América desde los tiempos de la conquista, en el siglo XVI. Su arribo se da en el contexto del desarrollo del capitalismo mundial, cuando la ola colonizadora europea introdujo la mano de obra esclava en el continente americano para el desarrollo de las actividades productivas ligadas a la explotación de materias primas como el algodón, el arroz, la azúcar, el tabaco y otros. Entraron a nuestro país como parte de la trata de negros por Cartagena de Indias; como contrabando llegaron por el Litoral Pacífico a Buenaventura, Charambirá y Gorgona, o por el Atlántico a las costas de Riohacha, Santa Marta, Tolú y el Darién.
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Ubicación Geográfica
La mayor parte de la población afrocolombiana hace parte de comunidades agrarias ubicadas en zonas cálidas, selváticas, o a orillas de los ríos de algunos valles y en las costas. La ubicación de la población afrocolombiana en Colombia muestra una gran concentración en las zonas costeras de la región del Pacífico (departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño) y del Caribe (departamentos de Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Cesar, Sucre, Antioquia). Caribe (departamentos de Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Cesar, Sucre, Antioquia). (*)
Esta población también se encuentra ubicada en las regiones cálidas de los valles de los ríos Magdalena, Cauca, San Jorge, Sinú, Cesar, Atrato, San Juan, Baudó, Patía y Mira. Además existen algunos enclaves de antiguos palenques, haciendas, minas, o plantaciones bananeras y centros petroleros en casi todas las regiones del país.
La mayor parte de la bibliografía existente señala como un punto importante de ubicación de afrocolombianos el departamento conformado por las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, zona de asentamiento del pueblo raizal. No obstante, existe una controversia interna pues algunos voceros raizales señalan no identificarse como afrocolombianos dadas las particularidades históricas de su conformación étnica y cultural.
En términos culturales, el Departamento Nacional de Planeación habla de las siguientes "áreas socioculturales de comunidades negras" : Costa Atlántica, Litoral pacifico, Chocó, Atrato medio, Zona minera de Antioquia, Magdalena, Medio, Valle del Cauca, Valle del Patía, Urabá, San Andrés y providencia, Orinoquía y Eje cafetero.
El Litoral Pacífico es una de las más importantes áreas socioculturales de comunidades afrocolombianas, de ahí que los aspectos centrales de este escrito se centren en los estudios realizados en esta zona.
Población
En Colombia no existen unas estadísticas oficiales claras sobre población afrocolombiana, pues la inclusión del componente étnico en los censos es relativamente nueva y el profundo mestizaje contribuye a dificultar su identificación. No obstante, el Documento 2009 del Consejo Nacional de Política Económica y Social -COMPES-, de 1997, con base en el Censo del Departamento Nacional de Estadística -DANE- de 1993, estima que hay 10.5 millones de afrocolombianos, que representan el 26% del total de la población colombiana.(*)
El Atlas de Economía Colombiana, del Banco de la República, en el año de 1963 registró un 6% de población negra y un 24% de mulatos con respecto al total de la población nacional, lo que da un 30% de personas que se pueden ubicar dentro de esta categoría étnica. Actualmente otros estimativos mantienen esos mismos porcentajes: de una población total estimada en 37 millones de habitantes para el año 2000, se calcula que el 29% es afrocolombiana, es decir 10 millones 730.000 habitantes , o sea una cuarta parte de la población colombiana, lo que ubica a Colombia como uno de los países de América con mayor número de población negra, después de EE.UU. y Brasil.
Los departamentos con mayor número de población afrocolombiana son: Valle (1´.720257); Antioquia (1´.212.985) y Bolívar (1´.208.181). En Chocó el 85% de su población total también es afro, pero las ciudades con mayor presencia son: Cali (1´.064.648 personas, en el Distrito Aguablanca el 80% de la población es afro), Bogotá (900.717) y Barranquilla (689.974). En otras ciudades como Cartagena, Santa Marta, Montería, Sincelejo, Medellín (sector de La Iguaná y salida a San Cristóbal en el nor-occidente) también existen importantes concentraciones de población afro, ubicadas fundamentalmente en los barrios populares o en asentamientos subnormales de la periferia.
El 80% de los afrocolombianos, es decir 8 millones de personas, perciben ingresos anuales percápita que oscilan entre 500 y 600 dólares, frente a un promedio nacional de 1.500 dólares. Esta situación los coloca en condiciones de extrema pobreza, pues el 74% de ellos percibe ingresos que están por debajo del salario mínimo legal vigente. Casi la mitad de la población rural afrocolombiana es analfabeta, de cada 100 jóvenes que terminan secundaria sólo dos logran entrar a la universidad, según el documento del Plan de Desarrollo Nacional de Desarrollo de la Población Afrocolombiana.
En la Costa Pacífica casi el 60% de la población afrocolombiana carece de servicios de salud y la mortalidad infantil supera en cuatro veces el promedio nacional, pues, entre otras cosas, sólo el 48% de su población cuenta con servicio de acueducto. La esperanza de vida es de un 10% con respecto a un 30% del promedio nacional. Esta situación contrasta con la gran riqueza en recursos naturales de los territorios que habitan, pues esta región de selva tropical húmeda posee una gran riqueza en flora y fauna, y de sus bosques sale 58% de la madera aserrada del país.
Las comunidades afrocolombianas han estado siempre en una permanente búsqueda de arraigo y estabilidad configurando asentamientos, poblados y ciudades con características culturales propias que podemos denominar como de cultura afrocolombiana. Gran parte de su población presenta una permanente movilidad y dispersión, tanto hacia las diferentes regiones y ciudades del país como fuera de éste, derivadas de las necesidades de trabajo y la búsqueda de mejores condiciones de vida, de educación, de salud. Movilidad que, sin embargo, no ha significado el rompimiento de sus lazos y relaciones con sus lugares de origen, sus familias, o comunidades; por el contrario, han logrando tejer unas redes de solidaridad y apoyo que les permiten sobrevivir aún en condiciones adversas y conservar, fortalecer y recrear su cultura en los lugares de asiento.
Poblamiento
1. La conquista y dominación hispana
La conquista y dominación del continente tiene su primer hito en la fundación de Santa María La Antigua del Darién, lugar donde en el continente se establece el primer conglomerado hispano, sitio desde se emprenden los primeros reconocimientos hacia el mar del sur y hacia las regiones del interior del continente. Este primer poblado fundado en 1.510 en las tierras adyacentes al golfo de Urabá, sobre la cuenca del río Tanela, tendrá poca vida y al cabo de 1.514 empieza a perder importancia al escoger el hispano como sitios para avanzar en su empresa de conquista las ciudades de Santa Marta y Panamá. A pesar de estos reconocimientos tempranos realizados por los españoles, sin embargo tardío es el sometimiento y poblamiento de la región pacifica colombiana por parte de los conquistadores, empresa que sólo se podrá hacer efectiva una vez se consolidan ciertos centros de dominio en las zonas andinas, sitios desde donde el hispano emprende la empresa de control de éste territorio y el establecimiento de asentamientos desde donde ejerce su dominio. En estos territorios se encontraron con la efectiva resistencia militar de los pueblos indígenas Emberá, Wounaan, Tules, Sindaguas, Surucos, katíos. pueblos frente a los cuales el conquistador era vulnerable a su acoso y ataque, con los que debió mantener constantes enfrentamientos y que sólo le permitieron su establecimiento en la región a partir de la segunda mitad del siglo XVII, momento en el que el hispano consolida su poder al sur con el establecimiento de centros como Barbacoas, Iscuandé y Tumaco (De Granda, 1977. Castillo y Almario, 1994), lo mismo que al norte con la fundación de Quibdo, Novita y Tadó (Romoli, 1975, 1976)(*)
Mediante la figura jurídica de la encomienda en un primer período y posteriormente integrada la población indígena en resguardos bajo el control del Corregidor, los pueblos indígenas sobrevivientes se constituyen en soporte importante para la economía minera. (Isackson, 1973,1975,1976) La fuerza de trabajo indígena se articula a labores agrícolas para el abastecimiento de las cuadrillas de negros importados para trabajar en las minas, son igualmente los cargueros que surcan los caminos con productos para el abastecimiento de la región e igual ofician como bogas, como constructores de canoas y proveedores de carnes producto de la cacería y pesca (Vargas,1999).
Desde el siglo XVII la región del Pacífico se constituye en territorio de frontera ligado a la economía minera, en donde el establecimiento de una cuadrilla como unidad productiva no sólo es inversión en el dominio económico, sino igualmente empresa militar y ejercicio exploratorio para establecer dominio sobre un territorio (Romero,1992). La unidad productiva minera se constituye así por la cuadrilla, el campamento asociado a la vivienda del administrador, la bodega de herramientas y las provisiones, el elemento que la caracteriza es su movilidad determinada por el agotamiento de los placeres mineros y por el desplazamiento hacia otros sitios donde la explotación sea rentable (Colmenares, 1972). Esta condición de la economía minera que lleva a la dispersión de las cuadrillas en el curso del sinnúmero de ríos de la región, es factor determinante en el poblamiento y la ausencia de centros urbanos a lo largo de la vida colonial, factor al que se agrega el ausentismo de los propietarios de minas.
Origen de los africanos vendidos en Cartagena y que posiblemente entraron al Chocó, según Colmenares.
De acuerdo con Colmenares "el mayor número de esclavos en todo el período correspondían a la denominación de minas, nombre que hacía mención a los negros que provenían de los pueblos de Akan de la costa de Oro. Le siguen los araras, designación genérica a aquellos embarcados en el golfo de Benin y que correspondían a esclavos traficados por el reino de Oulida, conquistado anteriormente por los dahomeyanos. También hubo presencia de esclavos lucumíes, procedentes del golfo de Benin, un término que generalizaba a los negros de habla yoruba. Esta designación corresponde al reino Ulcumí, situado al delta del Niger. Luego de 1730 hubo presencia masiva en América de carabalíes, es decir el grupo de negros embarcados entre el golfo de Biafra y la región de Angola.
A lo largo de la vida colonial la región permanece, a pesar de ser costera, integrada a los centros andinos, una red de caminos comunica sus principales centros mineros con Popayán, Pasto, Anserma, Santa Fe de Antioquia, sitios desde donde se abastecen las cuadrillas mineras y desde donde se ejerce control político. El Atrato es cerrado al comercio por disposición real para evitar el contrabando y controlar las incursiones de corsarios desde el Urabá, en tanto en el Pacífico no habían verdaderos puertos, Tumaco era apenas una bodega frente a la actividad comercial que se desplegaba en Guayaquil, y Charambira como Buenaventura no eran más que lugares de paso del comercio que se desplegaba por la red de caminos. Así mismo se cierra la bocana de Charambirá para evitar el contrabando de negros (negros de mala entrada),provenientes de Panamá hacia el san Juan y el Atrato.
Las normas que regulaban los intercambios entre indígenas y negros eran claras respecto a mantenerlos separados e impedir sus posibles alianzas, pero a pesar de ello se dieron fuertes acercamientos, que no se limitaron a la ocasional participación en el proceso extractivo o a sus actividades complementarias como las agrícolas, transporte, fabricación de instrumentos de trabajo o de alimentación de las cuadrillas, sino que produjo un verdadero intercambio de conocimientos en el reconocimiento y manejo del medio. De allí por ejemplo, que la mayoría de estudiosos, señalan la procedencia indígena de las técnicas mineras utilizadas por los mineros tradicionales del pacífico (Friedeman, 1974:15; West, 1972:53).
2. La sociedad del Pacífico: su formación
La automanumición como fenómeno económico y social, que ya se manifestaba desde el mismo siglo XVII, permite que desde tiempos tempranos se comience a formar asentamientos de negros libres(Sharp. 1976 ), y se inicie la formación de una sociedad que a lo largo del siglo XVIII tendrá la oportunidad de recomponer su estructura demográfica, de decantar un modelo cultural apropiado a las condiciones ambientales y darse sus propias formas de organización social y política. Durante el siglo XVIII los asentamientos de negros que compran su libertad se articulan a los centros tradicionalmente mineros, en ocasiones pasan a ser propietarios de pequeñas cuadrillas de esclavos, es general que se dediquen a lavar arenas auríferas y se integren a la producción agrícola, en otros casos se emplean como cargueros y bogas. Es claro que el siglo XVIII es el tiempo en el que la sociedad negra tiene la oportunidad de recomponer su universo y sentar las bases de un proceso de poblamiento del Pacífico que realmente se desplegará a lo largo del siglo XIX.
Igual que la automanumisión, también la resistencia ejercida a través del cimarronismo se constituyó en dinámica importante en el poblamiento colonial, famosos fueron los levantamientos de indígenas que huían luego de quemar los pueblos, lo mismo que la resistencia de grupos negros que en algunos casos llegaron a establecer territorios liberes, como el caso del Palenque del Castigo en el Patía, sitio donde desde temprano en el siglo XVIII ya ejercían dominio y vivían en libertad (Zuluaga.1987). A lo largo del siglo XVIII frecuentes fueron los levantamientos en las minas de Nóvita, en Negua, en el Carmelo y el más nombrado el levantamiento de Tadó que se constituyó en núcleo desde donde se proyectó la amenaza de un levantamiento generalizado de los esclavos de la región (Friedemann.1995).
Como se evidencia en el censo de 1780 realizado para la región donde se asienta la población en el Chocó, el grupo de los libres representa un número significativo de la población y es claro que fundamentalmente la sociedad de la época está conformada por familias negras e indígenas, en tanto el grupo de los blancos es una minoría. Igualmente en descripción realizada por viajero anónimo en el año de 1777 en la misma región, permite conocer que los negros libres no se han dispersado del núcleo minero en el que el hispano estableció su dominio.
Con la crisis del modelo económico esclavista y el final del dominio hispano se abre paso una nueva forma de ocupación del territorio del Pacífico, es durante el siglo XIX cuando la sociedad negra comienza su expansión desde los centros mineros, baja por el curso de los ríos para ocupar la zona media y baja de las cuencas, accede a las playas y se extiende a lo largo de los bosques de manglar. Para que ello suceda será necesario que en la segunda mitad del siglo adquiera valor en el mercado algunos productos del bosque y la región que desde siempre se identificaba con la minería, se convierte en proveedor de materias primas para el mercado internacional a partir de productos como la tagüa, el caucho, la raicilla y las pieles(West.1957; Valencia.1985-1989). De este modo el poblamiento de las tierras bajas se verá dinamizado por el auge de estos productos, se rompe la tradicional frontera minera, la sociedad negra igual que la indígena apropia toda la región y la convierten en el territorio tradicional a su universo social.
La colonización de las tierras bajas por parte de la sociedad negra, igual que el tradicional asentamiento indígena, reproduce la pauta de dispersión, las familias se establecen a lo largo de la red hidrográfica, ocupan sectores de un río, se asientan en firmes y playas. Una red de parientes apropia un territorio, el fundador o mayor del grupo es quien coordina la unidad productiva, regula el uso de los lotes, convoca a los trabajos comunitarios y oficia como autoridad para la resolución del conflicto. Esta forma de ocupación del territorio supone el dominio de amplías áreas del río en las que se establecen los lotes para la agricultura, los cuales se someten a rotación, y a un período de uso le sucede otro de descanso. La agricultura tiene en el maíz, el plátano y la caña de azúcar los productos principales, labor que se asocia a la cría de cerdos, en tanto del bosque se obtienen diversidad de frutos, animales de caza y materias primas para la producción de herramientas, igual que ríos, esteros y ciénagas ofrecen inmensa riqueza en peces, crustáceos y moluscos. De este modo, en los inicios del siglo XX, la región del Pacífico en su red hidrográfica y en las tierras bajas, aparece ocupada por las familias que se ha dispersado hasta ocupar los confines de ese universo.
3. La población y la ocupación del territorio
Definido el asentamiento tradicional por la dispersión es claro que la región hasta entrado el siglo XX no conoce la formación de ciudades en el sentido estricto, sólo con la formación de una red de comercio asociada a la tagüa y el caucho se produce una ruptura en la forma como se ocupa el territorio. En las primeras décadas del siglo XX, el auge de éstos productos, lleva a que en lugares como Tumaco, Buenaventura y Quibdo se formen ciertas elites comerciales, en las que primaba la presencia de personas externas a la región e incluso de otras nacionalidades(Mosquera y Aprile.1999. Restrepo.1999. Villa 1999). Las casas comerciales establecen sus sedes en estas localidades y lo urbano irrumpe para revolucionar la vida regional, éstas ciudades tienen como característica que el universo del espacio urbano se desarrolla a partir de una calle comercial en la que se asienta una elite blanca, en oposición al resto del poblado donde viven las familias negras, cuestión que configura un espacio discriminatorio en el orden de lo racial como marca de origen en la formación de éstas ciudades.
La formación de los centros urbanos en los albores del siglo XX, lo mismo que la colonización definitiva de las tierras bajas, son procesos en los que coinciden el auge extractivo de productos del bosque y el nuevo ciclo minero que se abre para la época. Es así como el nuevo ciclo se define por la importancia que ha adquirido el platino, factor que incide en la movilidad de la población minera en busca de lugares ricos en mineral, pero igual de las compañías inglesas en la perspectiva de controlar amplios territorios. Esta situación tiene implicaciones en distintas direcciones, una es que al establecerse el moderno enclave muchos de los pobladores de éstas zonas son expulsados de sus tradicionales sitios de trabajo, el otro es el que entre regiones mineras se produce movilidad de la población ante la oportunidad que para el momento constituye la minería al integrase el platino como fuente de ingreso.
Pero será hacia mediados del siglo XX cuando el poblamiento disperso da paso a la formación de aldeas, se forman pequeños núcleos en los que la población se agrupa alrededor de la escuela y en procura de recibir ciertos servicios del estado. (Aprile y Mosquera. 1987 Aprile.1992. Valencia.1987) Este cambio en la pauta de doblamiento se puede considerar como el final del proceso expansivo que la población experimentaba desde el siglo XIX, como el momento donde se ha colonizado los confines de los ríos y como el inicio de las expulsión de la población desde el campo hacia las ciudades en formación en la región o el éxodo hacia el interior del país.
Ciudades como Quibdó, Tumaco y Buenaventura se constituyen a lo largo del siglo en los polos de desarrollo regional, situación que se reforzará por la política de integración implementada por el estado en las primeras décadas del siglo con la construcción de los carreteables que llegan desde los centros andinos, la construcción de vías férreas hacia Tumaco y Buenaventura, el desarrollo de infraestructura portuaria que coloca a Buenaventura como el principal puerto del país. Estos hechos hacen que en la actualidad esas ciudades sean los principales receptores de población que migra desde los ríos y zonas costeras.
Sólo cuatro municipios concentran población por encima de 50.000 habitantes, son ellos Buenaventura, Tumaco, Quibdo y Turbo, los cuales representan el 46.61% del total, mientras el resto de la población se reúne en municipalidades que en su gran mayoría tienen menos de 20.000 habitantes y se presentan casos extremos como el de Sipí con apenas 2.063. Las cabeceras de la mayoría de los municipios sigue la pauta descrita en los trabajo de Mosquera y Aprile-Gniset en la que a una primera calle que corre paralela al río, como espacio donde se funda el pueblo, le sucede una segunda o tercera calle, en la que se asientan un número de familias que van desde, 50 en los pequeñas aldeas hasta 500 en las que se consideran grandes. Estas pequeñas aldeas que tipifican la evolución del poblamiento en el Pacífico es general que no cuenten con alternativas de abastecimiento de agua, manejo de residuos y la solución a servicios básicos.
4. Población y movilidad interna
Los departamentos de Valle y Antioquia se constituyen regionalmente en los receptores de mayor población de otros departamentos, del total de la población de los municipios de Antioquia el 20.9% procede de otros departamentos mientras en el valle es del 23.8% (Para la información correspondiente a éste texto ver el Anexo3). En Antioquia los municipios de Apartadó y Turbo son los puntos que en la fase actual se constituyen en los receptores de esa población, pero igualmente son estos municipios a donde concurren quienes igualmente desde otros municipios del mismo departamento se desplazan para vivir en sitios diferentes a su ligar de nacimiento. El 50.43% de quienes en la actualidad viven en sitios diferentes a su lugar de nacimiento y que son del mismo departamento se han asentado en los municipios de Turbo y Apartadó, igualmente del grupo de personas que desde otros departamentos han migrado hacia Antioquia el 60.08 %se localizan en estos dos municipios. Se deduce para el caso antioqueño que los municipios de mayor dinamismo por la atracción que ejerce de pobladores desde el interior y exterior del departamento son éstos dos.
En el departamento del Valle, en el caso del municipio de Buenaventura, se presenta una situación y es que la mayoría de la población que hacia allí se ha movilizado proviene fundamentalmente de otros departamentos y corresponde a un 23.88% del total de la población del municipio, situación que se explica por ser este núcleo el polo de atracción de los municipios localizados a lo largo de la zona costera. Contrasta esta situación con la poca recepción de población del mismo departamento en el que los municipios, a diferencia de Buenaventura, no son costeros.
En el departamento del Chocó son los municipios de Quibdo y el de Istmina los lugares hacia donde fluyen en mayor grado las personas de otros municipios del mismo departamento, para Quibdo el 15.57% de su población se ha movilizado desde otros municipios, mientras que en Istmina esta cifra llega al 11.8% de su población, pero al mirar la totalidad de la población que en la actualidad no vive en su lugar de nacimiento el 44.9% escoge a Quibdo como sitio para establecerse. Respecto a la población que proviene de otros departamentos los lugares de preferencia son Quibdó y Riosucio, el 25.3% de los residentes de otros departamentos se asientan en Quibdo, en tanto en Riosucio se localizan el 17.3%. del conjunto de municipios del Chocó es Quibdo el lugar de mayor recepción de población.
Cauca como Nariño no son departamentos que en la región se caractericen por altos porcentajes de participación en la recepción de población que migra desde otros departamentos, del total de la población del Cauca sólo un 8% proviene de otros departamentos y en Nariño es sólo del 5.45%. En el Cauca el municipio de Guapi recibe el 28.9% del total de las gentes provenientes de otros departamentos, tendencia en la que se debe advertir que por dinámica regional éstas personas en su mayoría son de Nariño. En Nariño es Tumaco el lugar por excelencia para el asentamiento de pobladores de otros lugares, del mismo departamento llegan a Tumaco el 49.5% del total de quienes provienen de otros municipios del mismo departamento, en tanto recoge esa localidad el 51.7% de los que desde otros departamentos han llegado a Nariño.
Es claro que en el presente período los centros urbanos que atraen la población desde el intyerior y el exterior de los respectivos departamentos son Turbo y Apartadó, Quibdo, Buenaventura, Guapi y Tumaco. Sitios que se constituyen en motor del desarrollo regional y hacia el futuro igualmente demandarán mayor capacidad de la infraestructura instalada, de servicios y de fuentes de empleo.
5. Cobertura de servicios de acueducto, alcantarillado y energía eléctrica en las viviendas de la región
Según el censo de 1993, en el área que cubre la Agenda Pacífico XXI, hay un total de viviendas de 240.235 tanto en áreas rurales como urbanas, de éstas sólo 57.481 tienen los servicios de energía eléctrica, acueducto y alcantarillado. La cobertura de la totalidad de los tres servicios llega apenas al 23.9%, mientras que las viviendas con alguno de estos tres servicios llegan a 100515, que representan el 41.83%, situación que implica un 58.17% de viviendas sin ningún tipo de servicio. A esto se debe agregar que en muchas de las poblaciones los servicios son deficitarios, en el nivel de la calidad del agua, la intermitencia en la prestación del servicio y la contaminación asociada a malos sistemas de manejo de desechos líquidos.
Son los municipios de los departamentos del Valle y Antioquia donde se presenta una mayor cobertura de los tres servicios, sin que ello quiera decir que es la óptima, por lo menos en comparación con Cauca, Nariño y Chocó, donde es demasiado baja la prestación de estos servicios domiciliarios. En el departamento de Antioquia de las 59.925 viviendas existentes, se presenta que en 21.257 se cubren los tres servicios, cifra que llega a un 35.47%, mientras que del total de las viviendas sólo 44.713 disponen de alguno de los tres servicios , que significa un cubrimiento del 74.6%.
En el caso de los municipios del Valle del total de viviendas de 51.897, sólo 26.126 tienen la conexión de los tres servicios, que a nivel porcentual llega al 30.86%. En contraste con Antioquia se presenta un mayor porcentaje de viviendas con algún tipo de servicio, las viviendas en éste rango llegan a 47.527 y porcentualmente a un 91.57%. Comportamiento que se explica por ser Buenaventura el único municipio costero del Valle y por ser este centro uno de los de mayor inversión pública en la región.
Para los municipio de Cauca, Nariño y Chocó se presenta la misma tendencia, esto es las más bajas coberturas, siendo Nariño donde hay una cifra menor de viviendas que tengan los tres servicios, de las 42.066 sólo 1.633 se inscriben en este rango, con apenas 3.8% del total. Situación que enseña una realidad verdaderamente crítica porque igualmente del conjunto de viviendas con alguno de los servicios se llega a 16.453, que representa el 39.5%.
En la misma dinámica de Nariño se presenta el fenómeno en el departamento del Chocó, allí las viviendas con los tres servicios básicos tienen un cubrimiento del 7.4%, porcentaje que expresa una realidad donde de las 58.185 viviendas sólo 4.349 estarían inscritas en este dominio. Igualmente del total de las viviendas, el grupo de las que tienen algún tipo de servicio son de 31.753 y representan 54.5%.
Con relación a los municipios del departamento del Cauca se presenta un mayor cubrimiento en el grupo de las viviendas que participan de los tres servicios, sin ser significativo lega al 10.5%, situación que significa que de las 23.996 viviendas en 2.553 hay los tres servicios. Con relación a las viviendas que participan de alguno de los servicios éste grupo llega a 10.823 o un 45.10 % del total.
En un punto intermedio entre los departamento de Valle y Antioquia, con relación a Cauca, Nariño y Chocó, se encuentra Risaralda, donde las viviendas con los tres servicios cubren un 37.5% del total, las cuales son 1.565 de las 4.166 del total. Representa el grupo de viviendas con algún servicio el 75.4%.
Lengua
La lengua es un elemento importante a través del cual los pueblos colonizadores han ejercido su dominación sobre los pueblos colonizados. Pero también ha sido un elemento importante de resistencia cultural. Los efectos devastadores de la dominación ejercida sobre los africanos traídos a las colonias como esclavos, llevaron a que prácticamente se perdieran las raíces de sus propias lenguas o lenguas nativas. Los descendientes africanos se vieron obligados a aprender las lenguas de sus amos y de los sitios en donde desarrollaron su vida, e introdujeron en éstas sus propias modificaciones o adicionaron vocablos que pervivieron de sus lenguas ancestrales.
Según el Sacerdote Jesuita Alonso de Sandoval, escritor de tratado sobre la esclavitud en América, a comienzos del siglo XVII se hablaban en Cartagena de Indias cerca de 70 lenguas africanas. Hoy sólo perviven dos lenguas propias con estas raíces en Colombia: el palenquero y el criollo sanandresano. Lo demás, son variaciones dialectales hechas al castellano, que se encuentran en algunas zonas de las costas atlántica y pacífica.
Actualmente dichas lenguas pueden tener desarrollos o recuperaciones importantes, al amparo de la legislación sobre grupos étnicos vigente, que ampara el desarrollo de las lenguas propias y establece la enseñanza bilingüe en territorios afrocolombianos e indígenas. (Ver legislación y más información en nuestro Centro de Documentación).
Cultura
Las comunidades afrocolombianas no son culturalmente homogéneas y podemos hablar de una gran diversidad, de diferencias culturales importantes a nivel regional. Así, los afro colombianos de San Andrés y providencia presentan diferencias importantes con respecto a los afro colombianos del Pacífico, dentro de la misma región del pacífico se ven grandes diferencias culturales entre el norte y el sur. (*)
Sus comunidades tradicionales presentan ciertas características comunes: son comunidades agrarias ubicadas generalmente en las partes bajas de los ríos y en las costas de zonas cálidas y/o selváticas, cuyas actividades productivas tradicionales han sido la minería, la pesca, la caza, la recolección y la siembra de productos de pan coger (maíz, plátano, yuca, frutas) en pequeñas parcelas. Han desarrollado unas prácticas culturales particulares que las distinguen como un grupo étnico "diferenciado", con sus rasgos propios de identidad, etnohistoria, organización social, estructura de parentesco, modos y prácticas tradicionales de producción, de ejercicio de una territorialidad y apropiación de instituciones políticas, además de una cosmovisión, espiritualidad y pensamiento propios que redefinen la complejidad del mundo afro.
Una de las manifestaciones claras de identidad cultural de las comunidades negras del Pacífico es su particular visión y concepción mágico-religiosa, presente en sus relaciones sociales, en sus relaciones con la naturaleza, con el universo, con los espíritus y lo sobrenatural. Su visión religiosa es la resultante de un proceso profundo de de-construcción de sus paradigmas autóctonos de identidad como africanos y la recreación de una nueva visión cultural que exigió la adaptación de otras costumbres, de otras condiciones de vida, mediante procesos de sincretismo, reinterpretación y transculturación.
Esta particular visión mágico-religiosa, hereda de la tradición africana muchos aspectos referentes a la salud y la enfermedad y recoge los conocimientos indígenas sobre el poder curativo de las plantas y los métodos para combatir la enfermedad. Integra, además, el aporte cristiano con sus santos y todo su imaginario, así como las prácticas mágicas de las brujas castellanas en sus series de oraciones y conjuros, contribuyendo a la ampliación del sistema simbólico curativo y del sistema simbólico general. Encontramos así, en la curandería de los negros del Pacífico, una influencia africana, indígena y también europea.
En el marco de esta visión mágico religiosa, la naturaleza, el territorio es un escenario ritual con connotaciones no sólo naturales sino también culturales. La selva, el monte, el río son espacios habitados por los espíritus, las divinidades y los ancestros. Allí están presentes las fuerzas naturales y sobrenaturales con quienes es preciso mantener un diálogo, a quienes hay que tener en cuenta y pedir su permiso a la hora de intervenir.
"Entre los negros existe una relación fundamental entre la vida de los seres de la naturaleza y los seres sobrenaturales que viven en la misma naturaleza, es decir una relación entre un mundo mítico espiritual y un mundo natural y cultural, que es mediado por un curandero de la comunidad, que a través de sus actos mágicos que manipulan las plantas y los animales para fines curativos y maléficos, crea todo un ambiente de representaciones simbólicas y metafóricas ritualizadas a fin de ejercer un puente de comunicación y diálogo entre los afrocolombianos, su entorno y su cosmogónica" (Sánchez, 1997). Así, el territorio para el afro colombiano es un espacio básico para el ejercicio del ser, de la esencia vital que configura el desarrollo de los hombres y mujeres negras en un hábitat que ancestralmente ha sido apropiado y donde se ha desarrollado un proyecto de vida cultural, social, ambiental, político, demográfico, económico y sobre todo espiritual desde una perspectiva particularmente étnica, y dentro de una lógica completamente opuesta a la occidental que basa relación con la naturaleza en la explotación y el dominio de la misma.
Existe una forma de conciencia religiosa-ambiental, dada milenariamente entre los indígenas y comportada también por los negros del Pacífico, que ha permitido la conservación del ecosistema a partir del desarrollo de una serie de técnicas, saberes y manejos que combinados con las simbolizaciones y las concepciones mágico- religiosas producen una sui géneris práctica de explotación, determinada por la combinación pensamiento religioso-pensamiento ecológico. Es decir que, mas allá de una serie de conocimientos técnicos, botánicos y agrológicos, lo importante es el conjunto global de concepciones ecológicas mediadas por una cosmovisión y un entramado religioso que le permite explotar sosteniblemente los recursos naturales y socializar la selva" (Sánchez, 1997).
"La religiosidad y la música fueron dos armas eficaces para sobrevivir a la tragedia de la esclavización, la trata, la colonización, el racismo, la segregación y el prejuicio racial." La música, el baile y el canto fueron importantes como elementos de catarsis, de unidad, de identidad y de resistencia. Música y religiosidad están íntimamente relacionados. En el ámbito americano, el descendiente africano recreó y transformó distintas religiosidades europeas y de este continente, con esta táctica encontró los soportes emocionales que le permitieron hacer más llevadera la sujeción o sirvieron como fuente de inspiración en la causa rebelde. Tal es el caso de Haití, donde el vudú jugo un rol vital en el triunfo de la guerra de independencia. (*)
En América encontramos sistemas religiosos provenientes de África como el Dahomeyano, Congo, Angola, Yorubano, los cuales también tienen la influencia del Islam. Posteriormente se incorpora también la influencia del cristianismo y de la religiosidades indígenas. En Cuba, Brasil, Haití y las Antillas se lograron desarrollar sistemas religiosos con una notable transferencia de las características religiosas propias de grupos africanos, constituyendo religiones muy populares como la Santería o Regla de Ocha, la Regla de Palo Monte, la Sociedad Secreta de los Abakúa o de los Gnagnigos, el rastafarismo, el Vudu, el Candomblé, la Umbanda. Entre los negros colombianos en cambio, el proceso de adaptación no exigió muchas retenciones sino mas bien una remodelación institucional de aportes de varias religiones, tanto católicas como africanas e indígenas, a excepción del palenque de San Basilio donde se fortalecieron ceremonias africanas de corte fúnebre como el Lumbalú, lo que evidencia un fuerte sincretismo.
La religión de las comunidades negras de las tierras bajas del Pacifico está básicamente constituida por un conjunto de creencias ligadas a la práctica católica. Los fieles solicitan principalmente protección frente a la enfermedad y las desgracias que aparecen como castigos sobrenaturales que deben ser conjurados con sacrificios y ofrendas, a los santos católicos o a las divinidades ancestrales mimetizadas por el sincretismo religioso africano-católico. En la mayoría de los temas y cantos religiosos (arrullos, alabaos, fórmulas de hechicería y magia) aparece la intervención de los santos a favor de sus fieles adeptos o el castigo de las divinidades para los que las olvidan (Sánchez, 1997). En realidad resulta difícil construir una teología sobre las representaciones a la vez variadas, fragmentadas y contradictorias que los pobladores del Pacífico se hacen del mundo sobrenatural, del otro mundo y sus relaciones con la vida cotidiana y, mas aún, no se pueden conciliar las enseñanzas de la iglesia católica misionera adoptadas por los creyentes con las tradiciones sobre dioses y espíritus, referidas a un contenido típicamente africano o indígena.
Según el pensamiento tradicional los fenómenos naturales y los objetos están íntimamente asociados con Dios y los espíritus ancestrales. Por ello, lo físico y lo espiritual son dos dimensiones del mismo universo. La práctica médica tradicional de los curanderos y de los herbolarios negros del Pacífico colombiano han participado desde sus comienzos de esta naturaleza. Las imágenes del mundo sobre causalidad de las enfermedades y salud de estas comunidades del Pacífico se relacionan con: la mala alimentación, el agua (la frialdad hace que las personas se enfermen), el aire (el cuerpo también puede coger frialdad del aire), Colino (Platanal y cultivo de árboles frutales) el colino es frío, el cuerpo puede allí coger frío; el jai, es un maleficio que le mandan a las personas, son espíritus malignos en forma de animales o dolores, que también se pone en las comidas o vestidos.
Otras causas de enfermedad son las condiciones de trabajo, el mal humor de algunas personas (mal de ojo). La ira de Dios, el rebote de los siete humores (sangre, orina, bilis, sudor, resuello, evacuación y saliva). La influencia de un enemigo poderoso. Hoy los afros del Pacífico enfrentan la enfermedad con la medicina de occidente, pero si ésta no cede recurren a sus fórmulas tradicionales de etno botánica (baños, tomas, pócimas, baos) empleadas por abuelos y abuelas. Y si esto no es suficiente recurrirán también al curandero o hierbatero, quien mediante oráculos como la Vista de Orina y la lectura del tabaco, entre otros procedimientos adivinatorios, buscará predecir la causa del maleficio para lograr "destramarlo". En el Pacífico se dan muchas formas de prácticas mágicas: mediante rezos, oraciones se pueden enviar maleficios a las personas y causarles mal, dolores, locuras, mala suerte (salar), ruina y enfermedad. La magia también se usa para el enamoramiento, para el sometimiento del cónyuge, para la buena suerte, para el enriquecimiento, etc.
Las comunidades negras manejan abundante información y conocimientos sobre el ambiente de la selva tropical húmeda del Pacífico, sobre su fauna y flora, sobre técnicas apropiadas al ambiente selvático y ribereño, sobre las complejas estructuras de parentesco, las relaciones de reciprocidad entre los miembros de la familia extensa, de los co-residentes y de las formas de cooperación doméstica en las labores de producción, sobre los ritos mágico-religiosos, prácticas curativas y de prevención de las enfermedades.
El curandero tradicional tiene una función de utilidad en el estado actual de la organización social de las comunidades afro del Pacífico: Es la persona reconocida por la comunidad como competente para atender la salud mediante el empleo de productos vegetales, animales y minerales o el uso de otros métodos de origen social, cultural y religioso basados en los conocimientos y creencias de la comunidad sobre el bienestar físico, mental y social, el origen de la enfermedad y la causalidad inmersos en distintas dimensiones del mundo. La medicina tradicional está compuesta sólo por técnicas y prácticas, sino también por un sistema de creencias y valores. Existe una amplia y tradicional práctica de curandería por parte de los afrocolombianos del Pacífico con una notable huella africana y aborigen. Dentro de estas prácticas de curandería están tanto la habilidad de curar como la de enfermar, embrujar o causar el mal, por lo que resulta una amplia gama de prácticos: curanderos, brujos hierbateros, sobanderos, adivinadores, curadores de culebra, exorcistas.(*)
El curandero en el Pacífico conoce a la perfección los entramados de la geografía natural en medio de la cual conviven, transforman y desarrollan todo un tejido social y cultural que históricamente han establecido a manera de estrategia de adaptación, donde crean una serie de sistemas, instituciones, imaginarios, relaciones sociales, de producción y una complejidad de rituales y esencias simbólicas que permiten determinar las características culturales y étnicas de los grupos negros del Pacífico (Sánchez, 1997).
En 1610 la bruja y el curandero negro sufrieron la persecución de la Santa Inquisición en Cartagena. El curandero era un peligro para la empresa de la dominación, atentaba contra la hegemonía colonial blanca que encontraba en la curandería un poder no sólo espiritual sino político y económico; el curandero representaba la posibilidad de la liberación del yugo y la retoma de un liderazgo ancestral que podría encaminar a los esclavizados hacia proyectos de cimarronismo y palenques (Sánchez, 1997).
En comunidades cercanas a Guapi, rezar no parece ser algo que convoque mucho a la comunidad, en cambio el canto sí es un elemento clave en su forma de relacionarse con Dios. Toda su cotidianidad está llena de canciones, cantan en todas partes y a cualquier hora, solos y acompañados y en sus cantos hay de todo: amor, pasión, alabanza a Dios, despecho, protesta, como expresión de que se existe, se está vivo y hay que manifestarlo. "Aunque pareciera ser un dato elemental me parece que a las labores normalmente duras de la vida las va acompañando un ingrediente lúdico que va haciendo mas sencillos y manejables estos trajines. Entre risa y risa, canto y canto se hace un proceso de adaptación que le ha permitido al negro del Pacífico sobrevivir en las circunstancias más adversas. La música, el baile y el canto son un elemento fundamental dentro del mundo religioso ribereño. (*)
El investigador Marulanda plantea como una característica particular de los afro la relación entre juego, cotidianidad y religiosidad: el juego en un contexto religioso, tal como la costumbre de jugar Bingo o Dominó en días de semana Santa como el Viernes Santo; el juego como ritual. "Así el mundo religioso aparece como un conjunto sistemático que no sólo regula las relaciones con lo trascendente, sino que la religión además se juega y debate en la vida cotidiana y se expresa a través de ritos, cultos, oraciones, códigos ético morales y sacrificios, todos estos con un sentido común de identidad y comunidad. En este sentido el mundo de lo religioso se ubica en el terreno de las relaciones sociales cotidianas, está inmerso en las realidades cotidianas, de tal modo que se hace imposible pensarlas sin él, y se presenta como una práctica concreta, que no pretende establecer relaciones con el otro mundo, sino que actúa y ejerce su influencia en el terreno de lo cotidiano, consolidando acciones encaminadas a la estructuración de una "utopía terrenal" que pretende variar el ritmo de las relaciones existentes".
En esta religiosidad de los afrocolombianos hay que mencionar también la unidad entre religiosidad-fiestas religiosas y paganas. Una fiesta como la Semana Santa determina todo el ritmo de vida de muchas de las localidades que la celebran; es el caso de Coteje, poblado sobre el río Timbiquí en el Cauca. "El significado y uso social de la Semana Santa para los cotejanos es múltiple: Semana Santa es historia, es ayuno, recogimiento, es compartir. Es un acontecimiento que facilita la comunicación al interior del grupo, contribuye a que se reafirmen los vínculos sociales, al mantenimiento de la solidaridad del grupo, a que se solucionen los conflictos latentes y a dinamizar la economía ribereña. Ayuda además al fortalecimiento de su identidad y fortalece su autoestima. También se podría decir que la fiesta cumple una función catártica en los emigrantes, ellos se sienten bien. Es un tiempo espacio de vivencia de lo sagrado y de ruptura con lo cotidiano, de gran vitalismo y de recreación estética y ritual. En tanto que fiesta no sólo es un archivo de tradición, conocimiento y creencia, también desarrolla un drama folclórico que transmite toda una serie de elementos simbólicos (mensajes y significados) que combinan ideas morales y sentimientos religiosos. Es un teatro de evangelización en tanto que es usado como medio de comunicación social que sirve fundamentalmente para expresar y recrear el mensaje religioso (y la moralidad del grupo). Es una tradición que se renueva, que no permanece estática, que como toda fiesta comporta elementos tradicionales y modernos estos últimos tomando por momentos formas carnavalescas y al mismo tiempo, constituye una respuesta creativa estética, teológica y cultural de los cotejanos de Timbiquí frente a las condiciones concretas de su devenir histórico".(*)
En el Chocó, en los caseríos, es costumbre tener su propia virgen y la fiesta para ella. La sacan a pasear por el río juntando varias canoas formando "Balsadas", o en balsas formadas por trozas de madera. Ejemplo de esto es la Virgen de la Pobreza de Boca de Pepé, río Baudó. (*)
Carnaval, política y religión. Fiestas en el Chocó
"El viejo Hegel decía que si la realidad nos parece irracional, para comprenderla necesitamos inventar conceptos irracionales. Senda difícil, con frecuencia inquietante. Pero la fiesta es inquietante.." (*)
"Con luna llena baila toda Africa". (*)
Por: William Villa
Es tiempo de carnaval; suena la tambora, el clarineteo no agota su melodía, las chirimías reclaman los cuerpos para la danza y en todos los pueblos la gran familia afrochocoana despierta para la fiesta. Es el mes de Agosto y la danza que ya se inicia no ha de terminar hasta octubre.(*)
Las puertas de las iglesias se abren y los Santos engalanados con sus mejores joyas salen a recorrer poblados. Se les ve en la calle, en el barrio, en la vereda y en el río sobre la balsa cargada de flores y frutos. En Tadó a orillas del río San Juan la Virgen de la Pobreza instaura un nuevo orden donde todas las teatralizaciones pueden ocurrir; el escenario del teatro es la calle y el pueblo danzante se convierte en actor.
Miren que bonita la vienen bajando, es la Virgen de las Mercedes, ya llega por el río San Juan, balsas multicolores la acompañan y toda Istmina ha salido a esperarla.
Todo el San Juan de Santos se va llenando y la celebración no quiere acabar. En Nóvita, San Jerónimo invita a que los niños se pongan sus mejores trajes y a que las mujeres exhiban aquellos peinados africanos donde líneas de finas trenzas se combinan en infinitos trazos. En Condoto, como en todos los pueblos, las comparsas día tras día salen a representar su obra teatral; en el último día de fiesta sale Nuestra Señora del Rosario. La acompaña todo el pueblo y la danza da paso a la oración. Los franciscanos querían hablar de San Francisco de Asís a los indígenas. En el año de 1648 fundan a Quibdó. Los indígenas que no querían conocer de esa extraña liturgia se resisten: toman el camino de la guerra. San Francisco finalmente se va quedando con los negros, luego le comienzan a llamar San Pacho, se va olvidando de Asís y es tan sólo de Quibdó.
Sale San Pacho a las calles de Quibdó, se le encuentra al frente de cualquier casa, a la vuelta de la esquina, en todos los barrios; ahí está exigiendo su cuota en dinero para la celebración. Pero San Pacho no sólo pide, el ha salido a contener el fuego que amenazaba con destruir a Quibdó, él no ha olvidado a su gente cuando la salud se quebrante, ni ha dejado de castigar cuando el pueblo así lo merece.







