El tambor que aún retumba: Siempre tras la ´Colombia que Queremos´

Una mañana mientras caminaba con un misionero claretiano por el malecón a orillas del Atrato, escuchamos a través de un megáfono la voz clara y fuerte de un locutor que desde el campanario de la iglesia del pueblo decía “buenos días América” mientras leía algunos avisos locales y anunciaba la programación comunitaria. Aquello parecía la transmisión de una vuelta a Colombia en bicicleta en la voz de Carlos Arturo Rueda. Nos sonreímos al comentar las pretensiones y el entusiasmo de nuestro colega: “buenos días América” repetía con su vozarrón. Luego, en silencio, criticamos nuestra actitud y con respeto nos dirigimos a él por su coraje. Él quiere que lo escuche toda América, nos dijimos. Al abordarlo, advertimos que llamaba a su novia, América, una mujer afro de cuerpo esbelto y gran cabellera quien vivía a dos cuadras de la ermita.

 

Cuando en 1988 el Presidente de la ONIC, Anatolio Quirá Gauña, QEPD, aquél imponente y pulcro indio Coconuco de pequeños sombreros y voz delgada, siempre preocupado por el bienestar de sus comunidades indígenas y el buen nombre de su organización, me invitara a su naciente equipo de comunicaciones, empezamos un proceso al ya existente desde el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, junto a UNIDAD INDÍGENA impreso y radiofónico, así como con la única versión que llegué a conocer de periódico mural desde el movimiento indígena.

Y es que hace 20 años eran pocos los indígenas que adelantaban las tareas de comunicaciones para las mismas organizaciones. El lenguaje y el público para el que estos productos se dirigían, en principio, eran las propias comunidades. Luego de mucho planearlo, Hernán Rodríguez, no el español sinó el indigenista, se inventó la versión grabada del periódico cuyo fin era el de llegar en cassette a las comunidades con todas las noticias que se generaban desde las organizaciones regionales. La idea consistía en contar en el lado A del cassette las noticias y recibir de vuelta, grabado en el lado B, los comentarios que se hacían desde las propias comunidades con el ánimo de tener verdadera comunicación con aquellas bases.

La propuesta resultó tan exitosa que debimos crear “PARUMA, Identidad y Cultura”, una hermosa experiencia radiofónica que se emitió desde Bogotá a través de las frecuencias de la desaparecida Radiodifusora Nacional de Colombia, que nos dejaría además el reconocimiento del Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, como mejor programa cultural y la nominación al Príncipe de Asturias en Humanidades. Sin embargo en el 92, mientras muchos conmemoraban los 500 años de la barbarie, PARUMA abría otra ventanita en Caracol radio para contarles a los colombianos la otra historia.

Una verdadera paradoja. Por un lado nos daban reconocimientos comerciales por los trabajos periodísticos y nos abrían puertas para su divulgación, pero por el otro se le tejían telarañas a las organizaciones para impedir visibilizar la realidad de las comunidades en el país y los planteamientos de sus autoridades representativas.

Mientras tanto en el Chocó se editaba la revista “JAIBANÁ”, la nueva publicación de la Organización Regional Emberá-Wounaan, OREWA, que en conjunto con la Diócesis de Quibdó y el CPI se leía también en muchas comunidades afro. Con el “JAIBANÁ” la estrategia comunicacional era contar desde el lenguaje popular los riegos que se ciernen sobre el Territorio Tradicional con todos los megaproyectos en el Chocó biogeográfico. Además de tener una comunicación hacia la sociedad mayoritaria, tendíamos a que la revista tuviera eco en el seno de las comunidades.

Como éste, eran variados los ejercicios regionales de los equipos de comunicación apoyados desde la ONIC. En el Cauca con el CRIC, en el Tolima con el CRIT, Antioquia con la OIA, en el Vaupés con el CRIVA y otras 25 organizaciones que de distintas maneras iniciaban sus procesos como equipos de comunicación.

Muchos sucumbieron ante la falta de recursos y el mismo aislamiento de sus comunidades locales. Otros se mantienen a la fecha como ejemplo de resistencia ante los grandes medios.

En esa dirección, UNIDAD INDÍGENA como periódico popular sigue vivo y es el más antiguo de Colombia en su género con algo más de 35 años de existencia y circulación. Porque UNIDAD INDÍGENA nació al igual que la ONIC, en Lomas de Ilarco, Tolima, queriendo ser eso, UNIDAD para los Pueblos Indígenas.

Imposible sería dejar de mencionar la experiencia en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, pues la ONIC, con Francisco Rojas Birry y nueve representantes regionales, se convertiría en la gran Maloka (como los Pueblos Indígenas Amazónicos denominan su casa comunitaria) de los grupos étnicos para la construcción de una carta que reconocería finalmente al país como una nación multiétnica y pluricultural. Esa casa continuó su construcción con el eco de las publicaciones regionales y la enorme dialéctica y pluralidad de las voces Raizales, Negras y Campesinas.

Este proceso abriría una estrategia que contaría a través de “La Colombia que queremos”, la nueva publicación de los grupos étnicos, todas las expectativas para la construcción de una sociedad más igualitaria e incluyente. De ella formaron parte además muchos grupos universitarios que enriquecieron la plataforma de UNIDAD, TERRITORIO, CULTURA Y AUTONOMÍA con quienes se discutieron vertientes políticas y comunicacionales.

Al tiempo, se creó la red de radiotelefonía regional, cuya labor era la de tener aquellos radioteléfonos con enormes antenas y baterías para la comunicación entre comunidades: MAGUARÉ. Lindo ejercicio para el inicio de las emisoras comunitarias que por desgracia fuera visto por los actores de la guerra como un instrumento para su beneficio. Poco duraría esa utopía.

Con las actuales Autoridades Nacionales Indígenas, jóvenes profesores en aquellos años, discutimos muchas veces el quéhacer de los programas de comunicación. En la ONIC desde Anatolio Quirá, Alfonso Palma, Abadio Green, Armando Valbuena, hasta Luis Evelis Andrade, se ha forjado la historia del movimiento indígena y sus variopintas formas de entender y construir.

Luego de todas estas décadas las diferencias fueron madurando y hoy se hacen evidentes varias tendencias organizativas y políticas. Muchas cosas han cambiado para el país luego de la nueva constitución política y las posibilidades de participación en el Congreso de la República, en las Gobernaciones y Asambleas Departamentales, en las Alcaldías y Concejos Municipales.

Desde la distancia, aunque con la misma solidaridad, veo los grandes esfuerzos que vienen adelantando los equipos de comunicación, ahora con indígenas profesionales en el área, divulgando las tareas orgánicas tejidas con la sabiduría de los viejos y el entusiasmo de los jóvenes a quienes auguro los mayores éxitos en su trabajo. Naturalmente no es el lenguaje del alijuna. Es el propio, sin tapujos, sin trabas, sin reparos: directo.

Ojalá todos podamos comprenderlo, respetarlo.

Un Comentario to “El tambor que aún retumba: Siempre tras la ´Colombia que Queremos´”

  1. Mr WordPress Says:

    Hola, esto es un comentario.
    Para borrar un comentario sólo tienes que entrar y ver los comentarios de la entrada. Entonces tendrás la opción de editar o borrar.

Deje un comentario