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La Minga seguirá andando la Palabra

Jueves, Mayo 14th, 2009

Aída Quilcué, Consejera Mayor del CRIC, se sienta a descansar un poco luego de minguear por más de 40 días. Acaba de visitar varias embajadas en Bogotá en donde explicaba por qué los pueblos indígenas le exigen al Gobierno Nacional el cumplimiento de viejos acuerdos.

Ha caminado toda su vida. Indígena Nasa de Tierradentro, se ha dedicado a la lucha de los pueblos indígenas.

Con su vara de mando en la mano izquierda, habla con la energía de una gran líder.

“He aprendido a caminar de la mano con la gente y así lo hemos hecho en esta minga de resistencia social y comunitaria”, dice, y cada frase, cada paso, es una postura política frente a su pueblo y un acto de fe en sus comunidades.

Tiene una voz firme y un acento característico del suroccidente colombiano. Mientras se toma una taza de café, con gran vivacidad mueve sus ojos como insinuando hacia dónde debemos dirigir las miradas. Con ese mismo entusiasmo mantiene la conversación.

“Esta minga de los pueblos es el resultado de la gran necesidad que tenemos por defender la vida y los Derechos Humanos, nuestros territorios, la adopción de la declaratoria de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas; el rechazo a la legislación que no respeta la consulta previa con nuestras organizaciones representativas y la exigencia del cumplimiento de varios acuerdos entre el gobierno nacional y nuestras organizaciones.”

No le deja de sonar su celular mientras constantemente da instrucciones sobre el quehacer político y organizativo.

“Es necesario replantear el escenario de la dignidad y la defensa de la vida. En nuestro país deberíamos empezar a diseñar otro modelo de política en el que la gente sea quien decida desde su conciencia”.

La minga se inició el 12 de octubre en La María, Cauca, con el taponamiento de la vía Panamericana. El balance fue de 122 heridos y un muerto. Luego, 40 mil personas marcharon hacia Cali en actitud de resistencia civil. Así la minga se amplió a todos los indígenas colombianos y de diversos sectores sociales.”

Aida dice que no se encontraron con el Presidente Uribe “porque él nos condicionó a ser recibidos en una pequeña comisión y no en minga. No quisimos caer en el juego del gobierno nacional que consistió en caucanizar el movimiento. Con sus declaraciones no hacían más que tildarnos y estigmatizarnos como terroristas y miembros de las FARC”.

La minga se convirtió, luego en una marcha nacional hacia Bogotá que concentró el interés de todas las autoridades distritales y la Personería de Bogotá, que garantizó el respeto de los derechos de los marchantes.

“Muchas organizaciones y sectores sociales se nos unieron. Por eso decidimos caminar hasta Bogotá. Llegamos a Soacha en donde nos esperaban muchas organizaciones. La discusión más fuerte fue la llegada a Bogotá y la quedada en la Universidad Nacional. Dijeron que no nos dejaban entrar, pero nosotros dijimos que sí por ser este el centro de la discusión, del debate, de la academia y del pensamiento. Hay que decir que el gobierno de Bogotá nos ayudó mucho, sobre todo a través de la comisión garante y de observación que tenemos a nivel nacional. Agradecimos también la intervención del Personero Distrital y los canales que a través de la mediación se pudieron abrir”.

El punto más alto de la jornada, según Aida, es la reunión de once horas con la mayoría de los ministros del Gabinete Presidencial. “Tuvimos once horas de debate con ellos, pero no encontramos ninguna solución a los problemas planteados. Aquí lo importante era generar opinión. Ahora podemos seguir hablando el tema de los acuerdos estructurales. Eso lo hemos ganado a pulso. Se trataba de visibilizar un problema y llegarle a la opinión pública sobre la verdad de los grupos étnicos y la violación a los derechos humanos. Eso creo que lo logramos. Por eso vamos a seguir caminando, porque este no es un tema sólo indígena, es nacional.

Da media vuelta, se aprieta por el cuello una bufanda que se le caía por los brazos y se despide con la misma velocidad con la que emprende el nuevo rumbo.

Luis Evelis Andrade, Autoridad Nacional Indígena, ONIC:

La minga se mantiene como proceso porque está en el consciente e inconsciente colectivo de los pueblos, como experiencia cultural, como experiencia de trabajo conjunto. En el ámbito político pasa lo mismo. La minga se hace frente a determinadas realidades. Hemos hecho la minga frente a lo que pasa en este país con los Pueblos Indígenas, con los campesinos, afros y sectores excluidos. Esta jornada demostró que en términos políticos hemos avanzado. Tal vez no en términos reivindicativos, desde las respuestas concretas del Estado. La minga nos reta a tomar nuevas fuerzas, a evaluar, a mejorar las condiciones de nuestros pueblos. Acá resultó de vital importancia la presencia de la Alcaldía y de la Personería de Bogotá como veedora y garante de nuestros derechos individuales y colectivos. La minga por la vida, la dignidad y la paz de los pueblos continúa su camino.

El tambor que aún retumba: Siempre tras la ´Colombia que Queremos´

Jueves, Mayo 14th, 2009

Una mañana mientras caminaba con un misionero claretiano por el malecón a orillas del Atrato, escuchamos a través de un megáfono la voz clara y fuerte de un locutor que desde el campanario de la iglesia del pueblo decía “buenos días América” mientras leía algunos avisos locales y anunciaba la programación comunitaria. Aquello parecía la transmisión de una vuelta a Colombia en bicicleta en la voz de Carlos Arturo Rueda. Nos sonreímos al comentar las pretensiones y el entusiasmo de nuestro colega: “buenos días América” repetía con su vozarrón. Luego, en silencio, criticamos nuestra actitud y con respeto nos dirigimos a él por su coraje. Él quiere que lo escuche toda América, nos dijimos. Al abordarlo, advertimos que llamaba a su novia, América, una mujer afro de cuerpo esbelto y gran cabellera quien vivía a dos cuadras de la ermita.

 

Cuando en 1988 el Presidente de la ONIC, Anatolio Quirá Gauña, QEPD, aquél imponente y pulcro indio Coconuco de pequeños sombreros y voz delgada, siempre preocupado por el bienestar de sus comunidades indígenas y el buen nombre de su organización, me invitara a su naciente equipo de comunicaciones, empezamos un proceso al ya existente desde el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, junto a UNIDAD INDÍGENA impreso y radiofónico, así como con la única versión que llegué a conocer de periódico mural desde el movimiento indígena.

Y es que hace 20 años eran pocos los indígenas que adelantaban las tareas de comunicaciones para las mismas organizaciones. El lenguaje y el público para el que estos productos se dirigían, en principio, eran las propias comunidades. Luego de mucho planearlo, Hernán Rodríguez, no el español sinó el indigenista, se inventó la versión grabada del periódico cuyo fin era el de llegar en cassette a las comunidades con todas las noticias que se generaban desde las organizaciones regionales. La idea consistía en contar en el lado A del cassette las noticias y recibir de vuelta, grabado en el lado B, los comentarios que se hacían desde las propias comunidades con el ánimo de tener verdadera comunicación con aquellas bases.

La propuesta resultó tan exitosa que debimos crear “PARUMA, Identidad y Cultura”, una hermosa experiencia radiofónica que se emitió desde Bogotá a través de las frecuencias de la desaparecida Radiodifusora Nacional de Colombia, que nos dejaría además el reconocimiento del Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, como mejor programa cultural y la nominación al Príncipe de Asturias en Humanidades. Sin embargo en el 92, mientras muchos conmemoraban los 500 años de la barbarie, PARUMA abría otra ventanita en Caracol radio para contarles a los colombianos la otra historia.

Una verdadera paradoja. Por un lado nos daban reconocimientos comerciales por los trabajos periodísticos y nos abrían puertas para su divulgación, pero por el otro se le tejían telarañas a las organizaciones para impedir visibilizar la realidad de las comunidades en el país y los planteamientos de sus autoridades representativas.

Mientras tanto en el Chocó se editaba la revista “JAIBANÁ”, la nueva publicación de la Organización Regional Emberá-Wounaan, OREWA, que en conjunto con la Diócesis de Quibdó y el CPI se leía también en muchas comunidades afro. Con el “JAIBANÁ” la estrategia comunicacional era contar desde el lenguaje popular los riegos que se ciernen sobre el Territorio Tradicional con todos los megaproyectos en el Chocó biogeográfico. Además de tener una comunicación hacia la sociedad mayoritaria, tendíamos a que la revista tuviera eco en el seno de las comunidades.

Como éste, eran variados los ejercicios regionales de los equipos de comunicación apoyados desde la ONIC. En el Cauca con el CRIC, en el Tolima con el CRIT, Antioquia con la OIA, en el Vaupés con el CRIVA y otras 25 organizaciones que de distintas maneras iniciaban sus procesos como equipos de comunicación.

Muchos sucumbieron ante la falta de recursos y el mismo aislamiento de sus comunidades locales. Otros se mantienen a la fecha como ejemplo de resistencia ante los grandes medios.

En esa dirección, UNIDAD INDÍGENA como periódico popular sigue vivo y es el más antiguo de Colombia en su género con algo más de 35 años de existencia y circulación. Porque UNIDAD INDÍGENA nació al igual que la ONIC, en Lomas de Ilarco, Tolima, queriendo ser eso, UNIDAD para los Pueblos Indígenas.

Imposible sería dejar de mencionar la experiencia en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, pues la ONIC, con Francisco Rojas Birry y nueve representantes regionales, se convertiría en la gran Maloka (como los Pueblos Indígenas Amazónicos denominan su casa comunitaria) de los grupos étnicos para la construcción de una carta que reconocería finalmente al país como una nación multiétnica y pluricultural. Esa casa continuó su construcción con el eco de las publicaciones regionales y la enorme dialéctica y pluralidad de las voces Raizales, Negras y Campesinas.

Este proceso abriría una estrategia que contaría a través de “La Colombia que queremos”, la nueva publicación de los grupos étnicos, todas las expectativas para la construcción de una sociedad más igualitaria e incluyente. De ella formaron parte además muchos grupos universitarios que enriquecieron la plataforma de UNIDAD, TERRITORIO, CULTURA Y AUTONOMÍA con quienes se discutieron vertientes políticas y comunicacionales.

Al tiempo, se creó la red de radiotelefonía regional, cuya labor era la de tener aquellos radioteléfonos con enormes antenas y baterías para la comunicación entre comunidades: MAGUARÉ. Lindo ejercicio para el inicio de las emisoras comunitarias que por desgracia fuera visto por los actores de la guerra como un instrumento para su beneficio. Poco duraría esa utopía.

Con las actuales Autoridades Nacionales Indígenas, jóvenes profesores en aquellos años, discutimos muchas veces el quéhacer de los programas de comunicación. En la ONIC desde Anatolio Quirá, Alfonso Palma, Abadio Green, Armando Valbuena, hasta Luis Evelis Andrade, se ha forjado la historia del movimiento indígena y sus variopintas formas de entender y construir.

Luego de todas estas décadas las diferencias fueron madurando y hoy se hacen evidentes varias tendencias organizativas y políticas. Muchas cosas han cambiado para el país luego de la nueva constitución política y las posibilidades de participación en el Congreso de la República, en las Gobernaciones y Asambleas Departamentales, en las Alcaldías y Concejos Municipales.

Desde la distancia, aunque con la misma solidaridad, veo los grandes esfuerzos que vienen adelantando los equipos de comunicación, ahora con indígenas profesionales en el área, divulgando las tareas orgánicas tejidas con la sabiduría de los viejos y el entusiasmo de los jóvenes a quienes auguro los mayores éxitos en su trabajo. Naturalmente no es el lenguaje del alijuna. Es el propio, sin tapujos, sin trabas, sin reparos: directo.

Ojalá todos podamos comprenderlo, respetarlo.